
2. Un
buen estado de salud y nutrición en la madre lactante es fundamental
para garantizar la crianza del niño o de la niña y
el bienestar del grupo familiar. Para ello, es necesario espaciar
los nacimientos, asegurar a la madre una alimentación adecuada
y corresponsabilizarse en las tareas del hogar y la crianza a fin
de que la madre lactante tenga el descanso necesario y la disponibilidad
para alimentar y atender a su hijo o hija recién nacido.
• Tradicionalmente la
mujer ha sido el eje de la vida familiar. Sobre ella recae la mayor
responsabilidad del cuidado de los niños y de la interacción
familiar. Las razones para ello no estriban en su “naturaleza
femenina” ni en su “instinto maternal”, sino que
obedecen a modelos culturales y sociales que atribuyen roles de género
a hombres y mujeres para justificar la división sexual del
trabajo con lo cual se pretende destinar a la mujer al espacio de
lo doméstico y al hombre al mundo de lo público. Esta
es una división falsa e injusta, que ha subordinado a la mujer
y obstaculizado su desarrollo en otros campos de la vida y ha negado
a los hombres la dimensión de los afectos, la ética
del cuidado y la expresión de sus sentimientos.
Sin embargo, se pueden
comenzar a cambiar los roles de género,
vinculando al esposo o compañero en la corresponsabilidad
del hogar y la crianza con lo cual se procura a la mujer, el descanso
necesario y la alimentación que ella necesita para su propio
bienestar y el de su hijo o hija recién nacido y se incrementan
el amor y la solidaridad en el seno del hogar.
• Los ciclos continuos de gestación y lactancia, especialmente
en madres mal alimentadas, provocan desgaste físico y envejecimiento
prematuro de la madre. El espaciamiento de los nacimientos de por
los menos 24 meses entre cada embarazo y una buena alimentación,
aseguran en la madre un mejor estado de salud y nutrición,
y le facilitan el amamantamiento y el cuidado de los niños
y niñas.
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