Información básica sobre cuestiones fundamentales


Las mujeres VIH-positivas tienen un papel singular e inestimable que desempeñar, tanto en la sociedad como en la lucha contra el VIH y el SIDA

Las mujeres infectadas y/o afectadas por el VIH/SIDA soportan las consecuencias de la enfermedad y se enfrentan diariamente al estigma y la discriminación. En determinadas culturas, los hombres incluso las culpan de ser los «vectores» o «portadores» del VIH, una cuestión que debe abordarse con firmeza a lo largo de la Campaña.

La Campaña de 2004 anima a las mujeres que viven con el VIH/SIDA a compartir su experiencia con una diversidad de audiencias; esto va desde hablar en iglesias, escuelas y comunidades locales hasta disertar ante audiencias nacionales a través de los medios de comunicación

Las mujeres que viven con el VIH/SIDA asumen a menudo múltiples «cargas» asistenciales. Muchas cuidan a otros miembros de la familia aun en el caso de que ellas mismas estén enfermas y no cuenten con ningún apoyo. En muchos casos, no queda nadie para cuidarlas cuando lo necesitan, y la pobreza en la que vive el hogar impide pagar a otros para que realicen esta tarea.


Muchas mujeres y niñas son vulnerables al VIH a causa de los comportamientos de alto riesgo de otros

Además de centrarse en la capacitación de las mujeres, la Campaña también procurará reforzar los comportamientos masculinos positivos. Las discusiones acerca del VIH/SIDA clasifican a veces a los hombres como predadores y agresores sexuales. Aunque esto pueda ser cierto, también es importante fomentar los comportamientos positivos de los muchachos y hombres jóvenes (ej., para que no fuercen las relaciones sexuales con mujeres y niñas), subrayando el comportamiento ejemplar de otros compañeros, en vez de hacer hincapié simplemente en los aspectos negativos.

Las niñas y mujeres jóvenes necesitan un entorno seguro y propicio para profundizar en las cuestiones relacionadas con el VIH y el SIDA. Este entorno incluye el apoyo de personas con influencia sobre la vida de las mujeres jóvenes –como autoridades locales, mujeres de mayor edad y proveedores de servicios– para que las orienten en aspectos que ellas, como individuos, no pueden controlar fácilmente.

Reducir la vulnerabilidad de las niñas y mujeres que no tienen la opción de rehusar una relación sexual, y/o que se ven obligadas por las circunstancias a entrar en prácticas sexuales inseguras o transaccionales, es un objetivo esencial tanto de las campañas como del trabajo programático asociado.


Las mujeres mantienen unidas las familias y comunidades y son una fuente de enorme fuerza en la lucha contra el VIH y el SIDA

La Campaña reconoce que, a pesar de las abrumadoras desigualdades de género, las mujeres y niñas son a menudo las más capaces de adaptarse a la adversidad y constituyen con frecuencia la fuerza que une los grupos familiares y comunitarios. Hay que valorar en su justa medida el papel que desempeñan las mujeres para sostener a la familia y ocuparse de las tareas domésticas y asistenciales. Una de las premisas centrales de la Campaña es abordar las percepciones de género sobre el papel de las mujeres y niñas en relación con los hombres y muchachos. Las campañas pueden ayudar a cuestionar creencias culturales y propiciar un cambio de comportamiento y actitud, aunque tienen que desarrollarse a nivel local o nacional para resultar lo más eficaces posible. Las
campañas más fructíferas tienden a subrayar los aspectos positivos en lugar de los negativos. El mensaje acerca de la contribución de las mujeres debe ser atrevido, positivo y sólido.


Debe animarse a las líderes femeninas para que hablen abiertamente sobre el VIH y el SIDA

La Campaña intentará identificar a personalidades nacionales y mundiales para que actúen como embajadoras con el fin de contribuir a dirigir la atención mediática a la cuestión de las Mujeres, niñas, VIH y SIDA. Entre estas figuras destacadas habrá líderes políticos de alto nivel y personajes famosos. A nivel nacional y local, también se identificará a líderes capaces de encabezar la acción y hablar abiertamente sobre la problemática.


Los hombres - adultos, jóvenes y adolescentes- tienen un papel crucial que desempeñar, y también se beneficiarán de este foco en las mujeres y niñas

Lograr una mayor igualdad de género repercute positivamente tanto en las mujeres como en los hombres. Por ejemplo, una publicación reciente de la Alianza Internacional contra el SIDA indica que los hombres también son vulnerables a la infección por el VIH a causa de la desigualdad entre géneros. Es habitual que las normas de género alienten a los hombres a asumir riesgos sexuales para demostrarse a sí mismos que son «hombres de verdad». Además, las normas de género suelen disuadir a los hombres de recurrir a servicios sanitarios o buscar ayuda en caso de problemas emocionales
.
El hecho de que la Campaña aborde las diferencias entre géneros tiene por objeto no sólo capacitar a las mujeres, sino también beneficiar a los hombres, muchachos y comunidades en su conjunto. Además, reconocer los desafíos adicionales que deben superar a menudo las mujeres –ya marginadas de por sí en la sociedad– ayudará a crear un entorno más propicio y capacitador para todos.


Las mujeres pueden luchar contra el estigma y la discriminación relacionados con el VIH desde el seno de las organizaciones en las que participan

Las mujeres pueden utilizar su influencia en las organizaciones a las que pertenecen o en las que participan. Es posible influir en el mundo laboral, las organizaciones de voluntariado, las empresas y los grupos de apoyo para que contribuyan a la lucha contra el VIH y, en concreto, a la lucha contra el estigma y la discriminación asociados a la enfermedad.

Las organizaciones de índole religiosa pueden ejercer una influencia particular, dado que los líderes espirituales poseen autoridad moral. Esta responsabilidad brinda la oportunidad de divulgar información acerca del VIH y el SIDA y erradicar la discriminación nociva de las personas infectadas o afectadas por la epidemia. Las organizaciones basadas en creencias religiosas desempeñan una función crucial en muchos contextos culturales por su capacidad para impulsar una respuesta eficaz al VIH/SIDA. El papel de las mujeres en estas organizaciones varía considerablemente según el entorno cultural y religioso.

Las organizaciones y sus líderes pueden fortalecer la solidaridad y ayudar a las personas a que se reconcilien con sus sentimientos de culpabilidad, negación, estigma y discriminación, además de abrir nuevos caminos hacia la esperanza, conocimiento, prevención y asistencia. Las mujeres y niñas pueden impulsar la dinámica de trabajo dentro de organizaciones muy diferentes respaldadas por el foco de la Campaña.


Los servicios de salud adecuados para las mujeres mejoran el acceso de éstas y de sus hijos a asistencia sanitaria

En muchas partes del mundo, las mujeres son las últimas en recibir asistencia sanitaria, en especial cuando se trata de terapias o medicaciones caras. Es necesario que las mujeres tengan un acceso equitativo a asistencia básica y reciban cuidados integrales para el VIH/SIDA, incluidos servicios esenciales de salud, tratamiento de infecciones oportunistas, apoyo psicosocial y fármacos antirretrovíricos.

El VIH y el SIDA han aumentado significativamente la carga asistencial que soportan muchas mujeres. La pobreza y la falta de servicios públicos también se han combinado con el SIDA para convertir esta carga en una verdadera crisis, con consecuencias sociales, sanitarias y económicas de gran alcance. La Campaña procurará sensibilizar acerca de la carga asistencial relacionada con el SIDA que recae habitualmente sobre las mujeres y niñas. En todo el mundo, las mujeres asumen la mayor parte de las tareas domésticas y, además, cuiden a los familiares enfermos.

Las investigaciones han constatado que hasta el 90% de la asistencia a causa de enfermedades se dispensa en el propio hogar. La inmensa mayoría de las mujeres y niñas que soportan la carga asistencial del VIH/SIDA lo hacen con una escasez alarmante de material y apoyo moral. Carecen de formación; no disponen de materiales adecuados (p.ej., guantes), medicaciones ni alimentos, y, mucho menos, reciben subvenciones para la escolarización de sus hijos. El efecto combinado de la carga física y emocional que supone cuidar a parientes enfermos (incluidos huérfanos y otros afectados por la enfermedad), asegurar la provisión de comida y medicinas, pagar las tarifas escolares y reponer la pérdida de ingresos determina inevitablemente que las mujeres se olviden de su
propia salud y bienestar.

Subrayar la magnitud y las implicaciones del trabajo asistencial no remunerado de las mujeres, por lo que respecta a costes y beneficios sociales y económicos, tanto para ellas como para sus comunidades y para la sociedad en general.
Animar a los gobiernos, formuladores de políticas nacionales e internacionales,
comunidades y familias a reconocer la necesidad urgente de incrementar y ampliar la protección social y el apoyo a los cuidadores a nivel comunitario y doméstico.
Propugnar cambios en la división por géneros de las tareas domésticas y alcanzar un equilibrio en las responsabilidades asistenciales.


La educación de las jòvenes y niñas reduce su vulnerabilidad al VIH

Se estima que en 2000 no se matricularon 104 millones de niños en edad de escolarización primaria. Las niñas constituían el 57% de este total. Las niñas también tienen mayores probabilidades que los muchachos de no completar la educación secundaria debido a un matrimonio prematuro, embarazo u obligaciones de cuidar a otros en el hogar.

En los países con un alta prevalencia, la escolarización de las niñas ha disminuido durante la última década. Las niñas son las primeras a las que se saca de la escuela para que atiendan a familiares enfermos o cuiden de hermanos más pequeños. El VIH/SIDA está amenazando avances recientes en educación básica y afecta de forma desproporcionada a la escolarización primaria de las niñas.

Los estudios han demostrado que menos niñas que muchachos de 15-19 años tienen un conocimiento básico sobre cómo protegerse del VIH/SIDA, y en las comunidades con un acceso limitado a información fidedigna existen –y persisten sin corregir– múltiples conceptos erróneos sobre el tema. A menudo, estos mitos pueden ser perjudiciales para las niñas y mujeres; por ejemplo, «Tener relaciones sexuales con una virgen puede curar el VIH».

Ir a la escuela protege. La educación es una de las defensas básicas contra la diseminación del VIH y el impacto del SIDA, y cada vez existen más pruebas al respecto. Aunque asegurar la escolarización de las niñas es importante para reducir la vulnerabilidad general, resulta insuficiente si no concurren medidas específicas para proporcionar información, aptitudes prácticas y vínculos con servicios escuela-comunidad.

La Campaña intentará fomentar el acceso universal a la educación, así como estas tres áreas fundamentales de acción.
Lograr la escolarización de las niñas y asegurar un entorno seguro y propicio que permita que continúen en la escuela y sigan aprendiendo.
Proporcionar educación basada en aptitudes para la vida, con un foco en las cuestiones de género y la prevención del VIH, como parte de la educación de calidad que merecen todos los niños y jóvenes.
Proteger a las niñas de la violencia, explotación y discriminación en las escuelas y su entorno.


Una gama más amplia de opciones de prevención puede capacitar a las mujeres para que se protejan a sí mismas

Muchos países han desplazado su prioridades de la prevención al tratamiento en los últimos años. En este contexto, las mujeres y niñas son especialmente vulnerables. Por ejemplo, se estima que el pasado año un tercio de las nuevas infecciones en los Estados Unidos se produjeron por contacto heterosexual y que las mujeres afroamericanas representaron una proporción creciente de todas las nuevas infecciones. También hay pruebas de que, en muchos países, las mujeres se están infectando a partir de parejas masculinas que, sin saberlo ellas, tienen otras parejas femeninas, se inyectan drogas intravenosas o mantienen relaciones sexuales con hombres.

Los microbicidas son una de las opciones preventivas más prometedoras que se vislumbran en el horizonte. Al igual que los espermicidas, los microbicidas deberían utilizarlos aquellas personas que deseen protegerse –y proteger a sus parejas– del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Con una voluntad política y una inversión suficientes, la primera generación de microbicidas podría estar lista para distribución en un plazo de tan sólo 5-7 años. Sin embargo, la inversión en investigación y desarrollo de microbicidas debe expandirse de forma rápida y radical si se pretende hacer realidad las esperanzas que han engendrado.

Los productos en fase de desarrollo varían ampliamente. Es probable que algunos sean contraceptivos además de microbicidas, mientras que otros están diseñados como instrumento no contraceptivo con la función exclusiva de prevenir enfermedades. Según los datos preliminares, varios parecen ser productos de amplio espectro capaces de reducir el riesgo de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

Utilizando modelos matemáticos, se ha demostrado que un microbicida con una eficacia del 60% podría tener un impacto significativo sobre la epidemia si se introdujera en los 73 países más pobres del mundo. Aun en el caso de que este producto sólo lo utilizara el 20% de las mujeres que ya están en contacto con servicios sanitarios, en el plazo de tres años podrían prevenirse 2,5 millones de nuevas infecciones entre mujeres, hombres y niños.

La Campaña intentará aprovechar las asociaciones ya existentes entre el ONUSIDA y diversas organizaciones y redes dedicadas específicamente a los microbicidas (incluidas la Asociación Internacional para los Microbicidas y la Campaña Mundial para los Microbicidas) con el fin de subrayar la necesidad crítica de opciones preventivas controladas por las mujeres y preparar las ONG y otras partes implicadas para sirvan como asociados activos en esta iniciativa.


La violencia contra las mujeres puede acelerar la diseminación del VIH. No debe tolerarse ningún tipo de violencia

La violencia contra las mujeres es un problema importante de derechos humanos y salud pública en todo el mundo. Aumenta la vulnerabilidad femenina al VIH. Una de las formas más comunes de violencia es la perpetrada contra las mujeres por parejas íntimas, conocida habitualmente como «violencia doméstica». Entre el 10% y el 50% de las mujeres de todo el mundo indican que han sufrido maltrato físico por parte de una pareja íntima al menos una vez en su vida, y este maltrato se acompaña a menudo de violencia sexual. Según Human Rights Watch, en casi todos los países del mundo la violencia doméstica es una de las principales causas de lesiones y heridas en las mujeres. También se asocia a una amplia gama de problemas generales, reproductivos y de salud mental.

La violencia contra las mujeres es común en casi todas las sociedades. Se apoya en la discriminación y subordinación de las mujeres, y, a su vez, sirve para reforzar y perpetuar estas situaciones. Aparte de la violencia doméstica, en los conflictos recientes se utilizan cada vez más la violación y la violencia sexual como arma de guerra; al igual que la trata de blancas, el comercio sexual y otras formas de violencia comercial, estas prácticas también aumentan la vulnerabilidad femenina al VIH.

La elevada incidencia de relaciones sexuales no consensuadas, la incapacidad de las mujeres para negociar prácticas sexuales seguras y, en muchos casos, el miedo al abandono o la expulsión del hogar y la comunidad plantean retos extremos, en especial para las mujeres que carecen de medios económicos.

Las mujeres jóvenes que se ven coaccionadas a mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio no son las únicas que corren riesgo. Éste también se hace extensivo a las mujeres jóvenes casadas que mantienen relaciones heterosexuales monógamas con su marido. En tales circunstancias, los mensajes tradicionales de prevención carecen de significado, ya que el uso de preservativos es menos probable dentro del matrimonio.