El problema

Los esfuerzos de prevención del VIH no están surtiendo efecto entre las mujeres y niñas, ya que éstas siguen infectándose continuamente; en todo el mundo, muchas de las mujeres infectadas a través de relaciones heterosexuales contrajeron el virus a partir de sus maridos o parejas estables.

El matrimonio no es una protección contra el VIH. En los países en desarrollo, la mayoría de las mujeres se casa antes de los 20 años, y las casadas tienen tasas de VIH más altas que sus homólogas sexualmente activas pero no casadas.

El acrónimo «AFP» –abstinencia, fidelidad, uso constante de preservativos– es el pilar básico de muchos programas de prevención del VIH. Pero, para demasiadas mujeres y niñas, este mensaje carece de sentido. Cuando la violencia sexual está generalizada, la abstinencia o la insistencia en el uso de preservativos no constituyen una opción realista.

Debido a su falta de poder social y económico, muchas mujeres y niñas son incapaces de negociar relaciones basadas en la abstinencia, la fidelidad y el uso de preservativos.

En todo el mundo, entre una quinta parte y la mitad de las niñas y mujeres jóvenes indican que su primera relación sexual fue forzada.

Las mujeres son particularmente vulnerables al VIH, y alrededor de la mitad de todas las infecciones por el VIH a nivel mundial corresponden a mujeres. Esta vulnerabilidad es debida principalmente a un conocimiento inadecuado del SIDA, acceso insuficiente a servicios preventivos, incapacidad para negociar relaciones sexuales seguras y falta de métodos de prevención del VIH controlados por las mujeres, como microbicidas.

Las mujeres también son biológicamente más vulnerables a la infección; se estima que la transmisión del VIH «de hombre a mujer» es dos veces más probable que la transmisión «de mujer a hombre».

En algunas de las regiones de máxima prevalencia, más de la mitad de las niñas de 15 a 19 años nunca han oído hablar acerca del SIDA o tienen como mínimo un concepto erróneo importante sobre la transmisión del VIH.

Las mujeres constituyen aproximadamente la mitad de todas las personas que viven con el VIH/SIDA. En el África subsahariana, a finales de 2003, el 58% de las personas VIH-positivas eran mujeres, y las mujeres jóvenes de 15 a 24 años tenían una probabilidad de infección 2,5 veces mayor que los hombres de la misma edad.