El daño permanente que diariamente ejercemos sobre la naturaleza y la violencia continua que también día tras día practicamos entre los humanos, han hecho que tanto la naturaleza como los seres humanos reaccionen y respondan de una manera caótica, desconcertada y explosiva.

Las guerras, revoluciones, levantamientos, conflictos, contiendas, combates, refriegas. De igual manera los huracanes, terremotos, borrascas, tormentas, maremotos, sismos, temblores, son acciones contestatarias, producto del desbalance telúrico e injusticia social que se manifiestan en la búsqueda de nuevos equilibrios en una dialéctica infinita.

Entramos al nuevo milenio “conociendo de guerras y desastres” al rededor del mundo, los mismos que afectan de una manera brutal a los más débiles: los niños y ls niñas de este planeta. La muerte ronda cada vez más cerca de los niños, que pues, pese a haberlos arrancado de las garras de la mortalidad infantil, gracias a las vacunas y otros avances tecnológicos, nadie puede asegurar que estarán libres de un desastre o de un conflicto armado.

Los niños más pobres en los continentes menos desarrollados están en deventaja social y tienen aún mayor riesgo de sufrir. Los conflictos internos, las guerras por la inequidad proliferan en el Sur, los pobladores de esta otra parte del mundo sumidos en su mayoría en una pobreza absoluta son casi obligados a deforestar y a vivir en zonas erosionadas y peligrosas en condiciones infrahumanas. Son ellos las primeras víctimas de sus propios desmanes, causándose y causando a sus generaciones venideras martirios que pudieran prevenirse. Un niño huérfano luego de un terremoto me decía: “es peor sufrir que morir” y su me abuela me enseñaba “ es peor para el que se queda que para el se va...”

El dolor no se cura con pastillas para dormir, menos el dolor de un niño pero bendita edad que abre una ventanita en el corazón para que jugando y cantando podamos pasar y entrar a consolar esas tiernas almas entristecidas. El proyecto de recuperación psicoafectiva que UNICEF adelanta tanto en el Urabá, en el Putumayo y en el Eje Cafetero, pretende disminuir el sufrimiento de miles de niños en situaciones de crisis causadas por el conflicto armado y los desastres naturales.

 

Contexto
Vulnerabilidad de los niños y las niñas colombianos
Situación de la atención a la recuperación psicosocial de la infancia en Colombia
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